Hace cuatro años que no escribo. Antes de estos cuatro, hacía tres que no escribía.
Pensar que hubo un tiempo donde era prácticamente lo único que hacía. Contaba unos once años, y no tenía amigos. Mucho menos novia, ni nada que se le parezca. A medida que fui encontrando de estas yerbas escribí cada vez menos, por lo que puedo deducir en base a mi experiencia que escritura narrativa equivale a soledad.
Hoy me pregunto por qué razón no puedo sentarme a escribir la historia que tengo en la cabeza. ¡Qué buena está!… si tan sólo ustedes pudieran leerla… les aseguro que es digna de quedar en la historia. Ganaría el Pulitzer, el Cervantes, el Nobel… todos. Sería un record Guinness en premios ganados para una novela. Pero no puedo. Siempre encuentro algo más interesante que hacer (aunque no lo crean) y mi historia sigue añejándose en el baúl húmedo y lleno de hormigas al que llamo memoria. Para colmo de males surgen otras historias, cuentos y relatos que van llenando mi baúl de hojas y hojas a medio llenar, conversaciones incompletas y personajes nefastos que las hormigas se van comiendo. Pero yo sigo cargando con ESA historia, la mejor, todavía sin ver la luz.
Lo he probado todo amigos, no hay caso. Intenté escribir de noche, a la mañana, los fines de semana, en vacaciones… es inútil. Casi siempre termino mirando absorto mi lista de contactos en el messenger, abriéndola y cerrándola una y otra vez (vaya a saber por qué) cual autómata o autista, pasando el rato sin hacer absolutamente nada. En otras ocasiones (que el Santo Señor me perdone) me distraigo bajándome un barco factoría lleno de música y películas que muchas veces ni siquiera atinaré a escuchar o mirar.
En alguna oportunidad me entró la sospecha que mi distracción se debía al mundo informático y sus iconos de colores brillantes y publicidades porno-engañosas. Desempolvé mi vieja Olivetti lettera del ‘55 (que compré en una subasta online a U$S 50) e intenté que las musas de dedos firmes y golpes precisos me visiten mas seguido. Algo salió, de hecho el 90% de los textos publicados en este maravilloso sitio fueron mecanografiados, por lo que la experiencia fue fructífera y pude superar mi primer bloqueo, hace ya cuatro tristes años. Finalmente tuve que guardar la Olivetti debido a las constantes quejas de mi hermana, que no podía dormir debido al golpeteo.
Por supuesto que están los métodos. Les aseguro que googlié –o como mierda se escriba- todas las maneras posibles de destrabar la mente y superar los bloqueos narrativos.
Programé el despertador a la madrugada para interrumpir mi sueño y poder plasmar las imágenes en una libretita (¿vaya idiotez no?) pero al tiempo caí en la cuenta que escribir siempre sobre mis compañeras de trabajo besándose no es precisamente un desafío literario.
Intenté el famoso método de la hoja en blanco y garabatear lo primero que viene a la mente, lo que daba por resultado un párrafo bastante similar a éste:
«No puedo escribir nada no sé por qué, lo único que tengo que hacer es llenar esta hoja de palabras, como estoy haciendo en este preciso momento, pero con frases que tengan algún tipo de sentido o cuenten una historia más o menos interesante. Tengo hambre. Tengo sueño. ¿Qué voy a hacer dentro de un rato? A las 8 quedé en encontrarme con Juanca, seguro nos vamos de copas.»
Escribí a mano en papeles, en cuadernos, en libretas, en agendas, en el tren, en un bar, en el campo, en la playa, de buen humor, triste, enamorado y completamente borracho.
Inútil. La maravillosa historia comienza a surgir y a las diez páginas pierdo mi interés en ella, como una novia que sistemáticamente me critica y reprocha TODO.
Ahora que lo pienso, es escalofriante el hecho de saber que mi bloqueo actual coincide con la cantidad de años que llevo de pareja estable. Proyectos de casa, compromiso, hijos, festejos navideños con mis suegros… ¡EN QUÉ ESTABA PENSANDO! Es indudable que todo suma al bloqueo. En base a esto puedo sacar mi segunda conclusión:
Escritura narrativa (fluida) equivale a cierta anarquía social y cotidiana.
Casi me olvido de las excusas. Perdón. Casi me olvido de contarles las mentiras que me digo para no escribir. Aquí podríamos trazar un paralelismo con la relación que tiene un comedor compulsivo con su rutina de dieta: «mañana mismo empiezo», «es la última vez que lo hago, desde mañana voy a cambiar». Puras chorradas, como diríais vosotros.
Es cierto que trabajo de redactor publicitario nueve horas por día, conduzco y musicalizo un programa de radio tres veces por semana y administro un blog de críticas musicales. La gente que me conoce generalmente me pregunta: «¿Por qué no escribís más?», a lo que siempre respondo -me respondo- «Porque no tengo tiempo.» ¡Mentira bochornosa! Si fuera así, tampoco tendría tiempo para pasarme horas jugando online o probando todo juego de PC que se me cruce en el camino (tienen suerte de que no haya una sección dedicada al tema en LR) ni para mirar infomerciales hasta las tres de la mañana.
Lo sé, un friki total.
Muchos estarán pensando ahora: «vaya tío, cuantos problemas -mentales- tiene». Les digo que no me tengan lástima ni piedad. Si toda esta situación, este bloqueo perenne, me asedia día y noche, es sencillamente porque lo permito. En cierta forma, como que me gusta que sea así. No es que sea masoquista ni mucho menos, pero mi relación con las letras se construyó de esta forma y no puedo hacer mucho por cambiarla. Es un viejo amor que siempre vuelve, una ex-novia que siempre estoy tentado de llamar y a veces me visita.
Espero entonces seguir así, y espero también haberles arrancado al menos una sonrisa con esta desfachatada confesión, que por ser lo primero que escribo en cuatro años, ya es un orgullo que haya cumplido una tarea.




4 comentarios hasta ahora
Deja un comentario: