El señor y la señora Arañazo, una particular pareja de arañas, estaban súper nerviosos, pues esperaban que empollaran sus primeros huevos.
Su nerviosismo no se debía sólo a que eran padres primerizos; sino más bien porque veían que sus vecinos y amigos recibían de golpe decenas de hijos de un solo huevo, y ellos habían empollado bastantes; así que temían que no tendrían alimento suficiente para tantos; y se rompían el lomo cazando, para tener la despensa llena; aunque tampoco debían almacenar demasiado, porque era verano, y la comida se estropeaba demasiado pronto.
Otro problema era escogerles el nombre; mínimo suponían que tendrían 20 arañuelos, y debían esforzarse mucho para no repetir; además:
¿Cómo harían para no confundirlos unos con otros?
Pero el mayor problema de todos, y el que no los dejaba conciliar el sueño era:
¿Cómo evitar que sus pequeños no adquirieran malas compañías?
Veían lastimosamente a doña Tejedora llorar amargamente porque dos de sus hijos andaban con pandillas de muy malas mañas: disfrutaban rompiendo las telarañas de los vecinos, robando sus huevecillos, y comiendo unos animales venenosos que producían alucinaciones.
Eso por no decir más…
Y ellos, los señores Arañazo, ¿como podían evitarlo?
La suerte estaba echada, y aunque muchos amigos les aconsejaron deshacerse de los huevos, y disfrutar su vida de pareja en paz, y sin dolores de cabeza; al fin y al cabo, eran sólo unos cuantos huevos, ¿quien los echaría en falta?
Ellos decidieron hacer oídos sordos, no se trataba de unos insignificantes huevos, eran muchas vidas, eran el fruto de su amor, eran la prolongación de su vida y la mayor prueba de amor jamás recibida, y el lazo que los uniría sin cadenas, por el resto de sus vidas. Cada pequeñuelo tendría la mitad del uno, y la mitad del otro, quizás los ojos de los abuelos, la sonrisa del padre o los rizos de la madre ; ¿cómo alguien podría pensar así?, ¿con esa crueldad y frialdad?; al fin y al cabo todos hemos sido huevos alguna vez; decía el señor Arañazo; ¿y si nuestros padres hubieran pensado de esa manera?, «nosotros tampoco hubiésemos podido disfrutar de nuestra hermosa vida, verdad», decía la señora arañazo, acariciando los huevecillos.
Suspiraron profundamente los dos, y se abrazaron cálidamente, hasta dormirse entrelazados.
Se acercaba la hora, y ellos hacían los últimos preparativos.
Una visita inesperada, llegó muy de mañana, era doña Viuda Negra, una señora de pocos amigos, que tenía muy mala reputación…
¿A qué vendría tan temprano?
-Hola vecinos, he escuchado acerca de su preocupación, sobre cómo criar a sus pequeños; ¡ah , si no lo sabré yo, que he tenido que criar sola a cientos de pequeñuelos sin padre!
El truco es sencillo, dos días antes del nacimiento, el Gran Rey Arácnido, concede un deseo a los padres, el que quieran; así que piénsenlo bien y pónganse de acuerdo, no sea que terminen por matarse como mi esposo y yo; adiós y buena suerte -se despidió la dama.
Incrédulos los padres, pero ilusionados, empezaron a hacer una larga lista de deseos que podrían ayudarles, para su futuro y el de sus futuros hijos:
-¿Y si pedimos dinero?, siendo ricos no tendremos que trabajar más y pasaremos mucho tiempo con nuestros hijos…
Pero se tomaron un momento para visitar a sus conocidos más ricos, y preguntarles si con el dinero habían logrado la felicidad:
Entrevistaron a los esposos Araña de agua; contrario a lo que esperaban, tener dinero había traído más problemas que felicidad, ahora vivían esclavos en sus telarañas, sin poder salir, por temor a que los robaran; además los conflictos de pareja eran más grandes ya que su marido se volvió obeso debido a la inactividad, y con tanto dinero encontró una diversión especial bebiendo, jugando, y colándose por las telarañas de unas arañas de muy mala reputación todos los días… no hay dicha completa.
Entonces pensaron en pedir que sus hijos tuvieran mucha belleza; así que fueron a visitar a la araña de jardín, una de las más hermosas, y le preguntaron si la belleza daba la verdadera felicidad; ella le mostró las rosas más bellas del jardín, y lastimosamente, les contó que las más bonitas duraban muy poco, porque todos las querían cortar. Y los llevó a conocer unas cuantas arañas preciosas, mas no felices; así que concluyeron que la belleza no daba la felicidad, y descartaron otro deseo.
Pensaron en pedir salud, entonces visitaron al médico de las arañas, quien les confirmó que la salud tampoco aseguraba la felicidad; puesto que millones de arañas muy saludables, no se veían nada felices; se necesitaba algo más. Se despidieron dudosos, con este deseo, pero el médico les aseguró que la salud era una de las cosas más importantes de la vida, pero no lo era todo.
Continuaron su camino pensativos, y se llegó la hora de dormir; así que el señor Arañazo, le pidió al ángel de los sueños que lo iluminase para no pedir el deseo equivocado, y se profundizó…
Soñó con un mundo maravilloso, lleno de acertijos y problemas, y cada vez que resolvía uno, aparecía otro superior, y el descifrarlo lo ayudaba a subir un escalafón más… Se despertó a media noche tratando de descifrar su sueño; y llegó a una muy inteligente conclusión:
¡Su deseo sería SABIDURÍA, esta era la clave para afrontar todos los problemas de la vida, para resolver aquellos que tenían solución, y para aceptar aquellos que no la tenían! Feliz con su decisión, despertó a su bella esposa, para contarle su sueño, y hacer su pedido en su compañía: al fin y al cabo, el deseo les incumbía a los dos.
Ella no dudó en apoyarlo; pensó las miles de cosas que podría hacer una araña sabia: ¡educar bien a sus hijos, comprender a su esposo, afrontar los problemas, y saber invertir los bienes ganados! Eso y mucho más, no había dudas, ese era el mejor deseo del mundo: entrelazaron sus manos, cerraron los ojos, suspiraron, y pidieron al Gran Rey Arácnido SABIDURÍA…
Horas después, vieron desfilar decenas y decenas de arañas, juguetonas y felices, por sus transparentes telarañas; el nombre fue lo de menos; se llamarían Arañazo 1, Arañazo 2, Arañazo 3, etc., etc. Fueran los que fueran; y vivieron felices para siempre, lo de la comida fue lo de menos, con tantos hijos cazando, tenían mano de obra de sobra, hasta para dar y convidar…
«Si tu tesoro está dentro de tu corazón, nadie podrá robártelo jamás.»
Jugar

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