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Jun

INTERSECCIONES

   Publicado por: Angelcaído en Relatos y Cuentos

X aparca el coche junto al bar de carretera, se sienta en una de las mesas, pide un desayuno completo y observa la lluvia caer sobre el asfalto. Café, zumo, tostadas y un bollo. Cuando eres un viajante y vives lejos de tu casa aprovechas todos los descansos y todas las oportunidades de comer que el camino te otorga.

Por eso X mastica sin prisa, saboreando cada minuto, porque sabe que le queda una jornada laboral cuyo número de horas es aún una incógnita. El teléfono le sonará no sé cuantas veces, visitará un número indeterminado de pueblos y verá tantas caras que a duras penas podrá recordar alguna cuando se acueste sobre una almohada desconocida. X se permite un cigarro con el café y, mientras hace chocar las bocanadas de humo sobre el cristal, fantasea con una vida sedentaria. ¿Y si él trabajara en este bar, si lograra aprenderse el ritmo de los días iguales, si consiguiera intimar con el grupo de personas habituales de estas mesas?

Z termina de servir el desayuno al viajante que se ha sentado junto a la ventana. Ésta es una mañana especialmente tranquila, así que le es posible apurarse su café y quedarse apoyado en una esquina de la barra fumando un cigarro. Cuando trabajas todos los días en el mismo sitio aprovechas la mínima oportunidad para evadirte hacia otras vidas. Una vida, por qué no, como la del viajante que también fuma en su mesa. Él sí que tiene suerte. Z piensa: ¿Y si él pudiera huir de la monotonía y visitar un número indeterminado de pueblos en una sola jornada? ¿Si viera tantas caras al cabo del día que a duras penas pudiera recordar alguna cuando se acostara sobre una almohada desconocida?

X y Z fuman a la vez, piensan a la vez y, por unos instantes, coinciden mirando el mismo charco del asfalto.

Esta entrada fue creada el Wednesday, June 10th, 2009 a las 12:45 pm y está archivada bajo la Categoría Relatos y Cuentos. Puedes seguir las respuestas con el feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio site.


6 comentarios hasta ahora

stikud
 1 

Texto evocador y que incita a pensar. Casi se podría hacer una compilación de posibles finales.

10 June, 2009 a las 2:59 pm
 2 

¿Y la intersección no será el caballero V?

O podría ser T el que toma el café en la otra mesa, allá, en la esquina, avergonzado: él se tapa la cara tras la sección de “oferta y demanda” de un amarillento periódico; él es un parado.

T mira con envidia a X y a Z, su humo lo tiene racionado. Él ni sirve bollos ni los come. Tan sólo le sobra el tiempo; tiene cientos de horas para regalar.

En cuanto perciben esto último X y Z, miran a su vez con anhelante celo a T. Suspiran por un buen puñado de minutos libres.

Supongo que los tres volverán a coincidir mirando el mismo charco de asfalto.

10 June, 2009 a las 3:58 pm
Stikud
 3 

Estupenda elucubración, amigo Javi.
No obstante, en lo que nadie parece reparar es precisamente en el pedazo de asfalto objeto de todas las contemplaciones, que devuelve la mirada a los eventuales observadores con sus tristes ojos negros. El meláncólico parche de alquitrán suspira por la movilidad inalcanzable de los seres humanos, que con cada gesto le recuerdan que siempre permanecerá allí hierático, aburrido y marginado.
Que sólo le queda esperar, impotente, a que una máquina le vierta otra capa oscura, bituminosa, por encima.

Propuesta a LR: generar, con permiso de Angelcaído, un texto alternativo formado por el original, más el anexo de Javi, más el epílogo que yo os ofrezco.

10 June, 2009 a las 11:23 pm
Zen
 4 

Bueno yo creo que os habéis olvidado de algo principal en la historia y que para Angelcaído sin duda es fundamental (puesto que el protagonista es viajante y teniendo en cuenta la multitud de controles y los límites de alcoholemia, ha obviado el coñac seguramente con todo el dolor de su alma): los cigarros.
Que encendidos se miran sabiendo de su rapida conversión física de estado sólido a gaseoso, mirando con envidia a esos humanos que mantienen su composicion por un mayor período de tiempo. Ellos se descompondran dividiendo sus partículas que echarán una ojeada en el interior de cada uno, sentirán la prisión y la libertad para saber valorarla mejor en un breve lapso de tiempo y se diluiran en el aire para acercarse al charco y decirle tapate y ten cuidado que no veas como te están mirando todos los del bar.

15 June, 2009 a las 4:03 pm
Stikud
 5 

Je, je.

15 June, 2009 a las 4:35 pm
AndresAlmonacid
 6 

No había tenido tiempo de leer tu relato. Es justo el tipo de narraciones que me gusta: simple, directa y con una historia con la que cualquiera puede identificarse. Muy bueno el texto. Saludos.

9 July, 2009 a las 10:24 pm

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