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Feb

FOTOS DE LILI, 6ª PARTE

   Publicado por: Larvastar en Relatos y Cuentos

Daniel (6)

De a poco se iba acercando al departamento y una vez más repitió en su mente lo que le iba a decir a Lili. Pero no era suficiente, aún no entendía muy bien lo que estaba pasando. Lo habían despedido, sí, pero sin motivo. Todo había pasado tan rápido que ni siquiera pudo reaccionar a tiempo. Cuando Figueroa se dio cuenta de que había perdido su empleo, ya estaba a cinco cuadras de la empresa. También había ignorado a Natalia cuando la cruzó en la puerta. Simplemente quería llegar a su casa y abrazar a Lili. Pero no iba a ser tan fácil después de lo que había pasado. Él ya no era el hombre que le podía prometer una vida digna, un futuro brillante y un buen caudal económico. Se había quedado sin nada y era el momento de enfrentar la cruda realidad.

(Viene de Fotos de Lili, 5ª parte.)

Abrió la puerta y al instante alcanzó a ver a Lili en la penumbra. Todavía estaba tirada en el suelo, como cuando se había ido a la mañana. La acomodó en la mesa y se sentó frente a ella, para hablarle. Aunque por unos minutos se quedó en silencio, mirando la mesa sin moverse. Se dio cuenta de que las manos le temblaban, pero no estaba asustado. Era sólo el reflejo de sus sentimientos que forzaban su camino para escapar. En ese preciso momento era un canal abierto de ideas y sensaciones. Solo le atemorizaba el hecho de poderlo controlar.
-Mirá Lili, me echaron del trabajo hoy.
«¿Por qué?»
-No sé, el encargado se enojó conmigo. A veces pienso que soy una persona diferente, como que nadie se da cuenta.
«No, ¿pero ahora que hago yo? No pensarás que trabaje de nuevo.»
-Me parece que sí, Lili. Vas a tener que volver al negocio de ropa.
«Jamás.»
-Lili, tenés que ayudarme a pasar este momento. Creo que ahora es cuando más te necesito… yo pensé que lo nuestro iba más allá de lo económico…
«Bueno, te equivocaste. Soy una mujer con necesidades, Figueroa. ¿Te pensás que yo me voy a sacrificar todo el día parada en una vidriera para que vos te quedes mirando tele?»
-No, pero…
«No sé, arréglate como puedas. Pero si querés que siga viviendo acá, buscá trabajo.»
-¿Eso es lo que me merezco? ¿Después de todo lo que yo hice por vos? Creía que tenía a alguien que me entendía, una mísera persona en todo el mundo, alguien que pudiera tener en mi mente para pasar los momentos difíciles. ¿Sabías que llevo una foto tuya al trabajo? Me ayudaba a que los demás no pudieran herirme, me escapaba, ¿sabés? Ahora siento como que todo se esta yendo a la mierda, así nomás. No sé, no tiene mucho sentido, te veo y como que no siento nada, me acabás de empujar a un abismo de agua, me siento ahogado, no sé… solamente te pido una soga, algo para salir… una respuesta. Toda mi vida… toda mi vida pensé, esperé encontrar alguien, algo, una cara. Sí, algo así como una cara amigable, alguien que me respetara. ¿Qué absurdo, no? Tanto tiempo perdido, ahogado, sin poder respirar… no sé, como que me tengo que ir ahora. Tengo que tomar un poco de aire, me tengo que ir.
«¿Y eso que significa, Figueroa? No entendí nada»
-Te dije que no sabía. Por el momento estoy así, déjame que respire un poco, solamente un poco más. Y me llamo Daniel, Figueroa es mi apellido. Yo me llamo Daniel.
Se levantó de la mesa con la certeza de que iba a devolver a Lili al negocio de ropa y nunca más la iba a ver. Su corazón latía muy rápido, con la emoción de quien está vivo, o resucitó una, dos veces. Justo cuando estaba por abrir la puerta para ir a caminar, alguien tocó el timbre.

-¿Natalia?

Ella se quedó en el umbral de la puerta mirándolo con desesperación. Frías gotas resbalaban por sus mejillas, apuradas por morir en su cuello largo.

-Está lloviendo, traté de llegar rápido.

Después entró, ante la expectativa atónita de Daniel.

-¿Qué es eso? –preguntó ella, todavía tiritando.

Daniel se giró y buscó en su departamento a lo que Natalia se refería como «eso», hasta que la vio, por supuesto, Lili.

-Es un maniquí –dijo con saña.

Natalia ya no lo estaba escuchando. Había dejado su bolso húmedo recostado en una silla de madera, y se miraba en el único espejo del lugar, tratando de acomodar su cabello. Daniel la observaba en silencio, sintiéndose invadido en su propia casa, como si él hubiera llegado de improvisto mojado, frío y lleno de palabras.

-Figueroa, yo…

-Daniel…

-¿Qué?

-Que me llamo Daniel, Figueroa es mi apellido.

Hubo un breve silencio de parte de Natalia, que tardó en procesar la información recibida. No por lo compleja, más bien por lo sorpresiva. Aún conservaba cierta humedad en las partes visibles de su cuerpo, y consideró inútil arreglar un peinado que –ya condenado- no podría mejorar.

-Bueno, Daniel. Quiero que sepas que vine para pedirte perdón por lo que te hice pasar, por lo que tuvimos que pasar. Hace un tiempo que vengo pensando en esto, en vos, en muchas cosas que ya no puedo disimular.

-¿Qué querés decir?

-Nada, sólo eso. Que deberíamos seguir viéndonos.

-¿Como amigos, o algo así?

-Sí, estar juntos. No dejar de hablar, ¿me explico?

-Creo que sí.

-No sé realmente lo que te estuvo pasando todo este tiempo, o toda tu vida, pero me gustaría ayudarte a conversarlo… no lo tomes como algo analítico, es sólo que me gusta mucho hacerlo, me gusta estar en este lugar ahora.

-Estar en este lugar conmigo.

-Sí –concluyó Natalia apurada, temerosa de estar revelando sus verdaderas intenciones. Cayó en la cuenta de que cuando algo la apasionaba, su discurso era ridículamente cursi.

Daniel no agregó nada a lo que estaban hablando, sólo desapareció unos minutos que a Natalia se le antojaron imposibles, y regresó con un abrigo impermeable.

-¿Te gustaría acompañarme afuera? Cuando llegaste estaba por salir a hacer algo.

-Si, por supuesto –contestó Natalia a pesar de que toda su alma le repetía:

«¡SIGUE LLOVIENDO! ¡SIGUE LLOVIENDO!»

No llovía más. Transeúntes apurados recorrían las calles baldeadas presos de abstinencia consumista. El aire limpio y fresco hacía a la ciudad más pura, con sombras definidas y colores vívidos, de vaya a saber cuántos megapixels.

En la plaza, el señor Gutiérrez y su hija Noelia paseaban cual turistas en la costa, despreocupados, lentos y embelesados.

-¿Para qué vinimos a la plaza? No entendí todavía –dijo Noelia mirando la pantalla de su celular.

-Para hablar. Cuando yo tenía tu edad, venía muy seguido con mis amigos o con mi familia a la plaza para pasar el tiempo…

-Porque no había otra cosa –interrumpió Noelia, aún mirando la pantalla del celular.

-No es eso, además… ¿a quién le escribís?

-¡A mi novio papá! ¿A quién va a ser?

Gutiérrez guardó silencio y agachó la cabeza. Noelia estaba tan absorta en su mundo adolescente que no pudo percatarse –afortunadamente- del gesto celoso de su padre. Estaba furioso, luchando en su interior por no gritar de impotencia.

Dieron una vuelta entera en silencio, lo cual sirvió para que Gutiérrez tomara aire y pudiera nuevamente mirar a su hija con amor.

-Bueno, y entonces hablemos… ¿qué querías decirme? –dijo Noelia impaciente.

-Mirá hija, esto es muy difícil para mí… no sé ni como empezar a decirlo. ¿Puedo abrazarte?

-¡Papá, no! ¿Estás loco?

-¿Qué tiene de malo que un padre abrace a su hija? –dijo Gutiérrez con una sonrisa socarrona.

-Es ridículo. Me da vergüenza que alguien me vea.

-Bueno, está bien. Como quieras.

Noelia suspiró. Finalmente detuvo su marcha y miró a su padre hasta encontrar sus ojos.

-No hace falta que me digas nada. Ya lo sé.

De repente Gutiérrez sintió que todo el mundo se derrumbaba o se teñía de negro. Salvo él, por supuesto, y su adorada hija –musa- que lo miraba con cara de ángel y estaba a punto de rendirse ante él. Definitivamente no estaba listo para nada, pero lo deseaba de corazón. Acariciarla, tocar con cuidado su cabello, enjuagar sus lágrimas, guardar cada una de sus sonrisas muy cerca. Tanto fue el estupor que no supo qué decir. Sólo se limitó a callar y a bajar su mirada tímidamente, como el adolescente que nunca fue.

Noelia volvió al ataque.

-Lo descubrí el martes pasado, en el anotador al lado del teléfono. ¿Cómo pudiste?

-Hija, yo en verdad…

-¿Cuánto hace que engañas a mamá? –interrumpió Noelia con ferocidad, y de repente toda su madurez y aparente tranquilidad pereció frente a un ataque hormonal desmedido.

-¡ENCIMA CON UNA MUJER QUE TIENE MI NOMBRE! ¡ME DAS ASCO, NO TE RECONOZCO!… ¡DEGENERADO! ¡ASQUEROSO!… ¡COMPRATE UNA MUÑECA MEJOR! –gritó Noelia quien, en algún momento, comenzó a llorar.

Acto seguido se marchó al trote, ante la mirada estúpida y reflexiva de Gutiérrez. ¿Qué acaba de pasar? Se preguntaba una y otra vez en su mente, donde permanecía a salvo de la humillación. Intentó guardar la poca dignidad que le quedaba, y se marcho del parque en silencio, ignorando las miradas curiosas que aún lo seguían.

A las pocas cuadras, como si se tratara de una pesadilla recurrente, divisó a Figueroa y Natalia Loria, sus dos más recientes ex-empleados avanzando hacia él por la misma vereda. Desesperado, intentó cruzar la calle ciego de vergüenza. Un bocinazo lo trajo de nuevo a la realidad, y se encontró a menos de 20 centímetros de un auto que respiraba una humareda amenazante. El ruido y los insultos del conductor atrajeron la atención sobre Gutiérrez, quien –abatido- sólo pudo arrodillarse y simular una dolencia que no tenía, pero que servía para pasar el momento.

Luego de devolver a Lili al local de ropa, Daniel y Natalia caminaban ya sin rumbo alguno, sin hablar tampoco, para que esa certeza no sea evidente. Sólo pasaban el tiempo caminando, y alguno de los dos miraba con disimulo al otro para ver quién tomaba la iniciativa. Cuando el silencio entre los dos ya se tornaba divertido, Natalia descubrió a Gutiérrez envuelto en el seudo-accidente automovilístico.

-¿Ese de ahí no es Gutiérrez?

-Sí –dijo Daniel cortante, indiferente, a punto de olvidarlo.

Como si ya no importara.

 

FIN

 

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Esta entrada fue creada el Wednesday, February 10th, 2010 a las 12:15 pm y está archivada bajo la Categoría Relatos y Cuentos. Puedes seguir las respuestas con el feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio site.


4 comentarios hasta ahora

stikud
 1 

Termina una de las sagas; casi da pena. Enhorabuena, Larvastar. Me has entretenido mucho y bien.

11 February, 2010 a las 10:40 am
Damián
 2 

Gracias Stikud! lamento haberme demorado tanto, pero mejor tarde que nunca, como diría mi madre.

11 February, 2010 a las 1:00 pm
AndresAlmonacid
 3 

Excelente, Larvastar. ¿Termina aquí?, pues espero que no y que continúe esta historia tan bien contada.

11 February, 2010 a las 7:31 pm
Damián
 4 

Lamento informarte que es el fin de la historia Andrés…
Acá en Argentina es puro verano, y es imposible imaginar un final que no sea feliz.

12 February, 2010 a las 3:34 am

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  1. FOTOS DE LILI, 5ª PARTE - Lili, mujeres, sueño, hombres, gente, estudiar, fotos, enamorarse - El baúl de tus escritos    Feb 10 2010 / 12pm:

    [...] (Continúa en Fotos de Lili, 6ª parte.) [...]

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