Cubierta de sangre y todavía recordando el fiasco de la esposa, llegué a casa deseando meterme bajo la ducha (ciertas comidas la dejan a una con ganas de lavarse). Me dirigía hacia mi cuarto de baño, espacioso y de tonos azules, cuando lo vi.
Posts con el Tag ‘noche’
-¿Marta?, soy yo, Violeta –sí, delicada como una florecilla, que nadie diga que mi padre no tenía sentido del humor.
-Violeta… ¿sabes qué hora es? –sonó su voz al otro lado del teléfono móvil.
-Sí –comprobé en mi reloj-, las tres de la mañana.
-¿Nunca te he dicho que a las brujas nos gusta que nos dejen dormir?
Farfullando por lo bajo, recogí los pedazos de mi vapuleado orgullo femenino. El heredado de mi madre, claro, porque mi parte súcubo estaba encantada de haber atraído la atención de alguien tan poderoso. La muy idiota aún pensaba que era ella la que iba de caza. Lo juro, si Casio aún tuviera alma no habría podido hacer nada contra mis instintos desde el primer momento. Le habría puesto la comida en la boca. Quien sabe, quizá hubiera sido lo mejor: seguramente le habría aburrido y habría pasado de mí.
Comenzaba a estar cansada. Lo cual es lógico tras un agotador día de buscar la guarida del vampiro «malo» en vano. Tendría que haberme ido de caza desde el principio, pero es que no me gusta sentirme como un cebo. En fin. Ya tan sólo quedaba lo fácil: forzar la cerradura, sacar a los niños del sótano o donde quiera que los escondiera y tras nublarles la mente con mis poderes dejarlos en la puerta de una comisaría sin que recordaran qué les había pasado. No es mucho, entiendo que los vampiros prefieran meterlos entre su «corte» de complaciente ganado, pero tampoco es algo que apunte a que existen otros seres en la noche. De hecho, hay bastantes más de los que piensan los humanos. Los vampiros son simplemente los más organizados y, por tanto, los que nos dirigen a todos.
Tags: humanos, licántropos, noche, trabajo, vampiro
Estaba a la mitad del segundo brazo cuando me dio la dirección. No me engaño, sé que regenerará. Pero también sé que le duele. Y que los del Consejo acabarán con él. Saqué mi móvil y marqué el número de mi contacto. Es otro vampiro; pero por lo menos, como miembro del Consejo no provoca baños de sangre innecesarios. En vez de eso mantiene a una civilizada corte de humanos de la cual se alimenta. Encantador, ¿no? Para que luego me llamen a mí demonio.
Solté una risita estúpida. Atontada por su hechizo de seducción no me resultaba difícil parecer una quinceañera. Él me guió al rincón más oscuro, enredó sus dedos en mis cabellos y me besó. Esta vez con lengua.
En fin, yo sabía lo que pretendía. Consideré si permitirle el polvo que tanto les gusta a los de su calaña antes de beber de sus víctimas. En otras circunstancias quizá lo hubiera hecho. El sexo cuando estás mágicamente inducida a creer que él es tu dios suele ser explosivo, sobre todo conmigo. Aunque el encontrarme al vampiro cuya guarida me había pasado todo el día buscando en vano me puso en una actitud puñeteramente cabrona. Y eso que, encontrarlo, en realidad no fue tanta casualidad, pues un chivatazo me había dicho que probablemente estaría allí pero me hubiera gustado bailar y relajarme un rato antes de pasar al trabajo. Así que injustamente molesta por lo inoportuno que había sido, saqué mi daga de la bota y se la clavé en el pecho. Justo donde le dolía. Podía amarle, pero no era tonta.
Habían abierto una discoteca no demasiado lejos de mi casa y me apetecía probarla. Así que me duché intentando alejar los problemas del día de la cabeza, me enfundé mis viejas botas, unos vaqueros y una camiseta de tirantes azul claro y salí de casa. Y como siempre que voy a un garito nuevo, el portero, una especie de armario 4×4 con cara de pocos amigos, se quedó mirando mi DNI con actitud sospechosa.
EL DESPERTAR
Esta noche me resulta la más clara de mis noches,
esta noche sería fría y oscura, si no fuera por tu risa que ilumina mis ojos llenándolos de vida,
esta noche se llena de alegría con sólo evocar ante mí tu imagen nítida de lo que una vez fue un sueño eterno, olvidado en mi camino.
AÑORANZA XX
Los bares inundados de humo y olor
conmigo dentro.
Marineros que se aferran a la barra
entre los himnos triunfales de las máquinas,
pases de modelos de barrio en el exterior,
proyectos de fuga con las camareras,



