EL APRENDIZ DE MAGIA
El hombre salió de su encierro para ver el cielo nocturno. Sentía que ya era tiempo suficiente de aislamiento; necesitaba ejercitar algo de lo aprendido. La noche se veía mucho más oscura de lo acostumbrado; el cielo cubierto de nubes no dejaba pasar un solo rayo de luna.
Sabía que lo primero que debía hacer era despejar el cielo y empezó a respirar profundamente. Con un suave movimiento de sus brazos dirigidos hacia arriba, comenzó la tarea de mover las nubes para dejar la luna al descubierto. Después de unos minutos, el básico ejercicio dio resultado: la luna menguante reflejaba una luz bastante tenue, pero suficiente para el siguiente paso.



