DEPORTE
-Bueno… por favor, no, no, sentarse muchachos… sentarse. Antes de comenzar el día de hoy me gustaría…, por favor, silencio,… me gustaría decirles qué hace el Deporte.
-¿Y a este qué le pasa?
-Uy, ya está chocheando el profe Zenón.
-¿Qué dice, Meliso?
-No, nada, profe, que qué interesante me parece todo esto… -respondió el alumno, y después en un tono más bajo, añadió-: con tal de que no nos ponga a correr bajo este sol de justicia… diga lo que quiera.
El profesor Zenón recobró la compostura y teniendo a todos sus alumnos atentos comenzó a hablar en los siguientes términos:
-Como vuestro profesor de gimnasia (que eso de educación física no me gusta nada, como si vuestros cuerpos debieran o siquiera pudieran educarse), me siento en la obligación de decirles lo que es y qué hace el deporte en sí.
-Menuda tontería… -cuchicheó alguien.
-¡Bah! Déjalo es que es un filósofo en trabajo temporal.
-Y antes de comenzar me gustaría saber qué sabéis vosotros del deporte… así hablad… lo que primero os venga a la cabeza.
-Que se viene el CR al Madrid.
-Si nos quitan a Forlán… ¡apañaos estamos!
-¡La F1!
-Eso no es deporte, baboso.
-¿Y la fiesta brava?
-Cierto, ¿y la fiesta brava qué?
-Menos.
-Profe, ¿a que el automovilismo sí es deporte?
-Venga, venga, ya callaos. Que no es eso lo que quería saber… hombre. Que eso no es deporte, muchacho, eso es espectáculo.
-Ya ves, memo…
-Calla, Parménides… que yo no me refiero al automovilismo solamente sino a todo lo que habéis nombrado: fútbol, baloncesto, toros, etc., nada de eso son deportes… o por lo menos la mayor parte de lo que tratan no tiene nada que ver con el deporte.
-¿Está usted majareta? Con todo respeto, señor profesor.
-A ver… sí, que sí, que Forlán debe correr mucho y Messi también… pero la mayor parte de lo que rodea al fútbol y todos esos deportes que nombráis, sólo son deporte para los 22 que juegan… el resto de 65 mil personas nos sentamos tranquilamente a tocarnos las narices… Yo me refiero al deporte deporte, al deporte de veras… a la gente que sale por las mañanas a correr…
-Puaf, que aburrimiento.
-Ya, ya, pero quería yo preguntarles: ¿para qué sirve el deporte? ¿De verdad vale para algo?
Un breve silencio. Un par de estornudos, dos collejas contra el de adelante…
-Para estar saludable, supongo.
-Bueno, sí… puede que sí… pero ¿qué más? Porque se puede ser saludable de otras muchas maneras, siendo más activo, caminar más, no comer tanta porquería… sin tener que llegar a practicar el deporte, sin tener que llegar a ese grado de actividad.
El silencio es más grande y profundo esta vez. Sus caras reflejan la más profunda incomprensión.
-Bueno pongamos un ejemplo práctico. Vamos a ver… Aquiles vente para acá… Vas ayudarme con tus raudos pies a mostrar el punto al que voy, quédate ahí, a ver si rindes lo que te paga la beca de atletismo, muchacho…
-Usted dirá para qué soy bueno.
-Y también vente para acá, Tránsito.
-¿Tránsito, profe? Esta de guasa… ¿no? Si es una tortuga… -colleja, colleja.
-Dejadlo en paz, ven aquí Tránsito… ¿Quieres echarte una carrera contra Aquiles?
-¡Tortuga! –gritó alguien.
-Callarse de una vez. Tránsito, ¿qué dices?
El muchacho se encogió de hombros.
-Bueno venga, os ponéis a correr a la de tres.
-Profe, yo no voy a forzar la marcha –dijo Aquiles muy seriamente- que el sábado tengo competición y tengo que cuidarme.
-Sí, sí, como tú quieras. A la de tres. 1… 2… y… 3.
Salieron los dos muchachos corriendo a través de la pista de atletismo, y vieron como el de los ligeros pies rápidamente capitalizó una ventaja que conservó durante todo el óvalo mientras Tránsito le seguía muy atrás.
-¡Venga Aquiles, corre!
-Puaf, si ya le saca el doble a la Tortuga esa… jaja…
-Si va caminando…
-Que no, es que tiene reumas.
-¿Reumas?
-Ya callarse, muchachos, que ya llega Aquiles.
-¿Y la Tortuga?
-Bah, que ese todavía no llega a la mitad.
-Esperad muchachos, esperad a que vuelva.
Al llegar Tránsito, Aquiles estaba en el mismo sitio de donde había salido, estirando un poco los músculos de las piernas…
-Muy bien. Amigos, ¿qué queda demostrado con esta carrera? –algunas bocas se abren, pero al presentir la tontería, el profesor Zenón se apresura-: Muy sencillo… que el movimiento no existe.
En un susurro:
-Ya lo dije yo, está majareta.
-Pero profesor, así no era la paradoja… -dijo uno de los mozos- Era que si a la tortuga se le daba un poco de ventaja, pues Aquiles no iba alcanzarla nunca… ya que para rebasarla tendría primero que recorrer la distancia que haya recorrido la tortuga, y naturalmente la tortuga habrá avanzado algo durante ese tiempo, y Aquiles tendrá que volver a recorrer esa distancia que le saca, pero la tortuga habrá andado más distancia –por mínima que sea- durante ese tiempo y así se aproximan siempre infinitamente, pero nunca puede el de los ligeros pies sobrepasarla.
-Muy bien, Meliso, me alegro mucho de que te hayas aprendido la lección de filosofía. Pero la verdad, los eleatas se habrían ahorrado tanto razonamiento si se dieran cuenta que en todos los deportes y carreras incluidos se acaba en el mismo lugar que donde se empieza ni nada cambia ni hace nada.
Un muchacho se levanta ofendido:
-Pero ¿y la gloria de los atletas, la lucha, le épica? El toque, Pelé, las odas del balón rodando sobre la cancha, el triunfo, la derrota, las lágrimas de saberse eliminado, la pletórica sensación de reconocerse como el mejor, el sentir de un pueblo que se une bajo un solo color y se lanza…
-Calla ya, Píndaro, que todo eso es otra cosa que nada tiene que ver con el deporte sino con otras cosas que ahora no hay tiempo de discutir –hace una pausa y consulta su reloj-. Lo que me recuerda, venga, arriba, denle diez vueltas a la pista, muchachos, que los veo muy paliduchos… Aquiles te quedas al mando, voy a pillarme una caña en la cafetería que debe estar dando el partido de la selección.
-El profe no tiene remedio.
-¡Puaf! No hay derecho…
-Y que lo digas, Parménides…




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