ALITERANDO
Lloraba allá en la llanura
sollozos como hondas llagas;
llovían llantos y entonces
tu llamada
despertó el denso dolor
dejando mis dudas dormidas.
Deslicé los dedos y hablé
muy despacio:
«Puesta tu pulcra promesa
en pálido papel de espuma,
¿podrás provocar, ninfa mía,
ese pecado
que cada loco conoce,
que los cuerdos sólo alcanzan
cuando callados se sortean
tu consuelo?»
«De sobras sé de tu sed
-susurró con pesar la sílfide-
siempre asustado y por amor
tan sufrido;
refuerza ya tu flaca fe,
sé fuego firme que frise
férvidas fantasías, pero
no fenezca.»
«Zaherido y en zozobra,
ciego en zona incierta
de azules zafiros me hallo,
cielo mío,
mas merezco yo la muerte
si mi mirada te miente,
si mi miedo no te dice
cuánto te amo.»
«Tal detalle me enternece:
tiemblo por tanto afecto
te estimo, mas no puedo
alentarte.
No anheles alcanzar mi luna,
la luz no late en mi lugar.
Un alma helada se oculta
y se aloja
en mi gélida jaula de jade,
que juega a brindar cobijo
mas jamás acoge; por eso
déjame, huye.
Hilvanaré ahora un hechizo:
y hallarás a tu dulce hada;
será humilde, será hermosa…
será humana.»

8 comentarios hasta ahora
Deja un comentario: