Cautelosa, muy cautelosa, me dirigí hacia el salón.
-¿Poniéndote guapa para mí? -estaba sentado en mi sillón.
-Por favor, Casio, ¿qué te ha traído aquí?
-Información. Ha llegado a mis oídos algo que puede interesarte.
(Viene de A veces trabajo de noche, 8ª parte.)
-¿Y has venido en persona a comunicármelo? -no pude evitar sonar escéptica, todavía no estaba al cien por cien. Pero por lo menos el susto me había quitado las ganas de tirármelo.
-¿No te sientas? -miró hacia el escaso espacio que había a su lado.
-Es mi casa pero… gracias -cogí una silla y la coloqué a un metro de distancia. Ja. Como si eso pudiera pararlo.
-Los que mataron a tu padre persiguen a tu tía –me soltó de un tirón. Como quien comenta el tiempo que hace.
Yo me quedé helada. ¿Qué pretendía Casio soltando esas patrañas? (Y ya que estábamos, ¿cómo había entrado en mi casa? Por muy miembro del Consejo que fuera sin invitación de sus dueños no podía entrar a una vivienda)
-Los maté yo. Lo sabes. Y mi padre no tenía hermanas.
-En eso te equivocas, preciosa. Escaparon dos. Y tu madre tenía una hermana.
-Sí, claro -intenté no pensar en la fría sensación que estaba congelándome por dentro-. Y ahora me vas a decir que te acabas de enterar.
-En realidad, preciosa, lo cierto es que ya lo sabía.
Necesité todos y cada uno de los días de mis casi 55 años de edad para no abalanzarme sobre él. Y por una vez no tuvo nada que ver con el sexo. Tan solo deseaba golpearle una y otra vez hasta ahogar mi furia en su cara. ¡¡¡Sería cabrón!!! Sabía lo que a mí me importaba mi madre, aquella a quien no conocí, aquella que murió por no separarse de mí. ¿¡¿Casio sabía que no la había vengado del todo y que tenía una tía y no me lo había dicho?!?
Todos y cada uno de mis días. Todos. Respiré hondo. Cerré mis párpados sobre unos ojos cada vez más ambarinos. Todos. Me centré en imaginar cómo el aire iba llenando mis pulmones, expandiéndolos poco a poco, llenándolos de luz y armo…
¡Pero qué cojones!
-Casio… -gruñí- te voy a matar.
-Creí que nunca te lo oiría decir, pero prefiero que esperemos a después de cenar.
-Casio… -estaba harta del autocontrol y todo ese rollo del guerrero con mente serena que me había vendido mi padre para suplir sus carencias como educador. Me levanté de la silla y me acerqué a él.
-Contrólate, estoy segura de que tu padre te enseñó mejor –me sujetó por los brazos-. Todas esas emociones humanas que no sabes cómo tratar… pobrecita mía. Pero si no te controlas… –a través de la espesa niebla en la que se movía mi percepción, focalizada en intentar no matarlo de verdad porque, pese a mi desproporcionada ira, yo sabía que no podía con él, percibí que su voz se volvía peligrosamente acerada. Y eso fue como un jarro de agua fría para mí: volví a una situación de alerta, con montones de adrenalina. A veces no es que apeste no poder descorporeizarme como las súcubos de verdad; es que apesta tener cuerpo.
-… si no te controlas –me estaba diciendo- voy a tener que tomar medidas. Y no creo que te apetezca tentar a mi autocontrol otra vez esta noche.
-Perdona –fui lo suficientemente inteligente como para susurrar, al tiempo que dejaba de forcejear para soltarme.
Casio tiene razón. Los demonios no tienen emociones. O por lo menos los demonios que no han sido previamente humanos. Lo cual excluye a vampiros, fantasmas y zombis. Sí, también los fantasmas son demonios, al menos algunos, los que han sido traídos desde el más allá con brujería. Pero el caso es que los súcubos no tienen emociones (ni los íncubos, lo de que mi papi amara es algo imposible, o imposible si no eres hijo del rey que acumula una parte de todas las almas robadas) Pero los humanos sí. Y como me educó mi padre, emocionalmente un cero a la izquierda, tan solo me enseñó a contenerlas. Y Casio lo sabe. Supongo que le recuerdo a un vampiro neófito, donde la nueva parte demoníaca se encuentra con un conjunto de emociones y recuerdos que no sabe cómo manejar. Y con la Sed. Mucha Sed. Por eso Casio es tan paciente. Por eso sigo viva. Por eso el saber que me ha ocultado información, algo que para mí ha sido peor que un engaño, más bien como una traición, ha desatado un sentimiento de ira que, por lo repentino, ha superado mis barreras mentales y casi me consume. ¡¡¡Joder, Abuelo, cómo odio ser humana!!!
Tags: cautelosa, demonios, información, noche, trabajo, vampiros, veces, zombis

2 comentarios hasta ahora
Deja un comentario: