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A VECES TRABAJO DE NOCHE, 5ª PARTE

   Publicado por: Zahira en Relatos y Cuentos

Farfullando por lo bajo, recogí los pedazos de mi vapuleado orgullo femenino. El heredado de mi madre, claro, porque mi parte súcubo estaba encantada de haber atraído la atención de alguien tan poderoso. La muy idiota aún pensaba que era ella la que iba de caza. Lo juro, si Casio aún tuviera alma no habría podido hacer nada contra mis instintos desde el primer momento. Le habría puesto la comida en la boca. Quien sabe, quizá hubiera sido lo mejor: seguramente le habría aburrido y habría pasado de mí.

(Viene de A veces trabajo de noche, 4ª parte.)

Y acabé de forzar la cerradura. Recorrí el jardín. Bonita decoración, por cierto. Si te gustan los pedazos de hombre lobo, claro. Forcé también la puerta de entrada y busqué la bodega. Allí estaban encerrados los niños. Típico. Les aseguré que todo había pasado, dejé que mis cuernos crecieran entre mis rubios cabellos y los hechicé. Es una pena que los poderes mentales no sirvan con vampiros. Me harían mi trabajo más fácil. Nublé sus recuerdos y los dejé a las puertas de una comisaría. Me fui tras comprobar que sus lloros atraían a los guardias. Seguidamente me dirigí a casa y puse en marcha la cafetera para que se fuera calentando mientras me daba una ducha. Eran casi las ocho de la mañana. Pronto abrirían los bancos y yo quería comprobar que mi dinero estaba efectivamente ingresado antes de acostarme a descansar. Y descansar sin sueños. Aunque algo difícil después de haberlo visto otra vez en persona, tan magnífico e irritante como aquella primera vez, cuando consiguió que el Consejo me permitiera cazar para ellos en vez de matarme. En fin, mi padre siempre decía dos cosas: no confíes nunca en un vampiro (¿o era en una humana?) y deja que sea tan solo el dinero lo que te quite el sueño. Que pena que creara el credo una vez que para él ya era demasiado tarde. En fin, a comprobar el ingreso en mi abultada cuenta corriente, que para no tener pesadillas, ni de Casius ni de súcubos tan blandas que se perdían a sí mismas por tener una alma demasiado débil, nada mejor que el dinero.

Al fin y al cabo por eso lo hago. Soy una mercenaria. Nada que ver con mi parte humana.

 

DOS

Debí dormir más de dos días seguidos. Las razas de la noche no necesitan dormir apenas pero mi sangre mestiza me juega malas pasadas y necesito mucho descanso cada vez que uso mis poderes. Miré el reloj: las tres de la madrugada. Perfecto. Buena hora para ir de caza. Qué pena que no hubiera una especie de telepizza para súcubos donde te llevaran el desayuno a la cama. No es que no hubiera demonios que no lo hicieran, pero yo soy selectiva con mis presas, no ataco al pobre repartidor de pizzas. Así que, a diferencia de hace tres noches, me vestí para comer: uno de esos conjuntos de top y minifalda que llevan las niñas de hoy en día cuando quieren parecer mayores, aunque más bien parezcan tristemente vulgares con ese par de cinturones de tela. Y, por supuesto, maquillaje, pendientes grandes y un buen par de tacones de aguja: mis viejas botas. Aunque puedan chafarme mi look de adolescente rebelde y desvergonzada, yo nunca salgo sin armas. Una nunca sabe qué criaturas acechan en la noche. Ni siquiera aunque seas una de ellas.

Fui a un bar del centro, bien alejado de la zona donde vivo y elegido al azar. Aunque dudo mucho que la policía llegara a interpretar a mis presas como víctimas de un asesino en serie. ¿Qué iban a decir? ¿La asesina que los mata follando? Me imagino el cachondeo de los titulares de los periódicos… En fin, cuando alguien se muere porque su corazón se para en ciertas circunstancias… la familia no suele darle demasiada publicidad. Sobre todo si ese alguien tiene esposa y no estaba con ella en el momento fatal.

Nada más ver la clientela del local, supe que había acertado. Una cosa es informarte por Internet del tipo de público que va a un garito y otra es que siempre sea verdad. Moviéndome como la chica insegura que se hace la dura me dirigí hacia la barra y me senté en un taburete. Saqué un cigarrillo. Por el rabillo del ojo comprobé que tenía a varios posibles aperitivos tanto a las tres como a las nueve. Saqué un mechero rojo bastante repipi. Intenté dos veces encenderlo sin éxito. A la tercera una llama se encendió al lado del cigarrillo que sujetaba con los labios. Bingo. El de mi derecha se había acercado.

Prendí el cigarro y aspiré el humo con nerviosismo. Aunque no sé para qué seguía fingiendo. El tío era un tipo cincuentón que podría ser mi abuelo si yo tuviera realmente quince años, con una marca de sol en el anillo de matrimonio que tenía toda la pinta de haberse metido a toda prisa en el bolsillo. ¡Qué asco! Debería reformar mis hábitos alimenticios, pero mi parte humana prefería matar a adúlteros pedófilos antes que a un hombre como dios manda. En fin, menos mal que era la parte súcubo la que iba a cumplir todas sus perversiones antes de que accediera a darme su alma (como quien promete amor eterno… inocentes. Casi merece la pena por ver sus caras cuando comprenden que es de verdad). Y mientras seguía con una sonrisa su patético intento de ligar («Puedes quedártelo, tengo más», «¿Vienes mucho por aquí? Porque yo sí y estoy seguro de no haberte visto antes, seguro que te recordaría con lo guapa que eres») me fijé en que uno de los chicos del fondo (de hecho, los únicos menores de cuarenta del bar exceptuando a los camareros) no dejaba de mirarme. A ver, estoy acostumbrada a atraer las miradas masculinas, pero normalmente no me miran así, como si yo fuera un bicho raro o algo similar. Y no es que no lo sea, pero lo disimulo muy bien. Aunque quién sabe, quizá debería ponerme un cartel que dijera «soy medio súcubo, llámame si quieres morir». Igual hasta me montaba mi propio servicio de catering a domicilio.

El chico aparentaba estar al final de la veintena, era rubio, ojos verdes (mi vista es muy buena, nunca lo he negado), buenos pómulos y aún mejores bíceps. Hum… podría darse la vuelta. Llevaba un jersey fino de cuello en pico y me miraba fijamente. Le sonreí, dejando que aflorara mi naturaleza depredadora, una de esas sonrisas que hasta a mí me helarían la sangre. Vi cómo su expresión y sus ojos cambiaban por unos instantes como si hubiera confirmado algo. Seguidamente se giró y se fue. Mi primer impulso fue correr tras él, sortear a la gente que nos separaba y alcanzarlo antes de que saliera a la calle. Pero entonces noté como el pervertidor de menores me cogía del brazo.

-¿No pensarás marcharte tan pronto?

¡Sí! Estuve tentada de gritarle. Volví a mirar hacia el chico misterioso pero ya se había ido. Así que, investigación con el estómago vacío o comida. Elegí comer. Soy una chica de necesidades sencillas.

-Claro que sí –me acerqué hacia él. A la mierda fingirme lo que no soy. Este ya no se me escapa -, pero contigo –y tras guiñarle un ojo liberé mi brazo con un movimiento seco y me dirigí hacia la salida, sabiendo que mi cuerpo perfecto sería suficiente señuelo

Puede que haya cosas en la noche que es mejor no conocer pero, por suerte, las sencillas siguen dando buenos resultados. Y algún día, el amor de mi padre por mi madre, ese que lo condenó a muerte, ese que me dio la vida, será lo único que me quede para mantenerme humana.

(Continúa en A veces trabajo de noche, 6ª parte.)

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Esta entrada fue creada el Wednesday, December 2nd, 2009 a las 12:39 pm y está archivada bajo la Categoría Relatos y Cuentos. Puedes seguir las respuestas con el feed RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio site.


6 comentarios hasta ahora

stikud
 1 

Y el interés que no decae… Vaya, vaya.

3 December, 2009 a las 8:42 pm
AndresAlmonacid
 2 

Definitivamente, buena historia, cada capítulo dando paso a otro más interesante. Nos vemos en el próximo.

4 December, 2009 a las 1:32 pm
zahira
 3 

Ops… se supone ésta es la última. A ver, en un principio acababa en el inicio de esta entrega, pero me emocioné al ver que alguien me leía y comentaba y escribí más. Pero luego, al darme cuenta de que me seguís dos (mil gracias a ambos), pensé que quizá estaba abusando de la buena voluntad de esta web que sube lo que mandamos y por eso lo he parado aquí (aunque por tener, escribí más)
En fin, para no liarlo más, si queréis sigo con la historia pero tiene visos de ser larga. Así que, para no aburrir, este sería un punto final tan bueno como cualquier otro.

4 December, 2009 a las 3:28 pm
 4 

Ten por seguro que te leen y están siguiendo tu historia muchas más personas de las que crees, Zahira, pero que por una u otra razón normalmente no dejan constancia.
Anímate, mujer… Si te apetece, eso ante todo. Pero desde luego en el Desván tus textos seguirán siendo bienvenidos y agradecidos.

5 December, 2009 a las 12:48 am
AndresAlmonacid
 5 

Deberías continuar, Zahira. Quedan bastantes historias que explicar. Vamos, sigue, que está interesante.

5 December, 2009 a las 5:06 pm
zahira
 6 

Gracias, lo tengo en cuenta

9 December, 2009 a las 1:32 pm

2 Trackbacks/Pings

  1. A VECES TRABAJO DE NOCHE, 4ª PARTE - vampiro, trabajo, noche, licántropos, humanos - El baúl de tus escritos    Dec 02 2009 / 12pm:

    [...] (Continúa en A veces trabajo de noche, 5ª parte.) [...]

  2. A VECES TRABAJO DE NOCHE, 6ª PARTE - - El baúl de tus escritos    Dec 14 2009 / 12pm:

    [...] (Viene de A veces trabajo de noche, 5ª parte.) [...]

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